Jun 22

EH EH EPA COLOMBIA Y LA VIRALIDAD EN INTERNET

En medio de la efervescencia futbolera que vivimos por esta época en Colombia, apareció un corto vídeo protagonizado por un singular personaje, grotesco para algunos, simpático y divertido para otros. Este video ha logrado altos índices de audiencia debido a su propagación en redes sociales al punto en que la autora ha logrado figurar en medios masivos de comunicación como programas de televisión, emisoras de radio y siendo tendencia durante varios días en diversos medios virtuales.

No se trata aquí de evaluar todas las aristas de este fenómeno, el desenlace es bastante previsible: Hoy escuchamos y leemos una multitud de voces aprobando o reprobando el vídeo, pero una vez termine la Copa América (o una eventual eliminación de la selección Colombia) se pondrá fin a los 15 minutos de fama que todos tenemos la oportunidad de disfrutar en algún momento de nuestra vida, y el asunto pasará irremediablemente al olvido y la indiferencia popular.

La razón de este esperado final descansa en el hecho de que la autora del vídeo, muy probablemente, no logrará ofrecer un nuevo contenido que logre sorprender y llamar la atención del público nuevamente. One hit wonder….

 

Los que trabajamos en Marketing nos levantamos todos los días pensando en la fórmula para ser virales despertando una reacción masiva (y obviamente positiva) sobre nuestra marca. Para ello nos concentramos en crear contenido disruptivo en las redes sociales, diseñamos campañas publicitarias de impacto, profundizamos en los intereses del consumidor para lograr tocar sus fibras más sensibles y captar su atención de manera que se vea reflejada en mayor cantidad de visitas en nuestro sitio web, likes, mensajes compartidos y comentarios, lo cual debería llevarnos a apuntalar nuestra estrategia de posicionamiento mediante la recordación del mensaje traducido después en un aumento de la demanda.

Pero no siempre se logra…..

Y no se logra porque procedemos de la misma manera que describí en el ejemplo que abre este artículo. En ocasiones no tenemos la capacidad de superarnos a nosotros mismos, disfrutamos los 15 minutos de fama pero no cuidamos de renovar y consolidar nuestra propuesta, nos quedamos dando vueltas alrededor del mismo mensaje que pierde rápidamente su novedad y no capitalizamos el mercado cautivo que hemos alcanzado. Nuestro discurso se disuelve en la corriente de híper-información en la que vivimos.

Esto sucede porque las marcas no aprovechan este impacto inicial para crear verdaderas relaciones con su audiencia ni generar improntas, la estrategia de comunicación se reduce al mensaje y no trasciende a una propuesta de valor; ¿cuántas veces hemos visto campañas publicitarias exitosas que pasan al olvido y la marca pierde su efímero brillo? Esto se debe a que el anunciante no imprime continuidad en el esfuerzo, no se genera nuevo contenido atractivo, no se crean lazos entre la marca y el mercado, se regresa al molde.

No se trata de ser virales únicamente, sino de que aquello que nos ha permitido destacarnos nos catapulte hacia un lugar de privilegio en la mente y el corazón del consumidor mediante un esfuerzo persistente donde la audiencia siempre mantenga la expectativa acerca de lo que vamos a decir, obteniendo así su interés de manera indefinida. Esto se alcanza cuando no solamente tenemos forma sino además fondo.

De lo contrario seremos como este personaje: una marca que tiene 15 minutos de protagonismo y toda una vida de anonimato en las preferencias del mercado objetivo.